Por qué los jóvenes viven peor que sus padres en España aunque el PIB sea más alto

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Por qué los jóvenes viven peor que sus padres en España aunque el PIB sea más alto

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Durante las últimas décadas, España ha experimentado un crecimiento económico notable. El Producto Interior Bruto (PIB) es hoy muy superior al de los años 80 o 90, las infraestructuras han mejorado, la tecnología ha avanzado y, sobre el papel, el país es más rico que nunca. Sin embargo, existe una paradoja cada vez más evidente: muchos jóvenes viven peor que sus padres a la misma edad. No es una percepción aislada ni una cuestión generacional de nostalgia, sino una realidad respaldada por datos económicos y sociales.

El primer elemento clave es el desajuste entre crecimiento económico y bienestar real. El PIB mide la producción total de bienes y servicios, pero no refleja cómo se reparte esa riqueza. En España, el crecimiento no ha ido acompañado de una mejora proporcional en los salarios reales. Aunque los sueldos nominales han subido con el tiempo, el coste de la vida lo ha hecho mucho más rápido, especialmente en partidas esenciales como la vivienda, la energía o la alimentación. Esto provoca que, en términos de poder adquisitivo, muchos jóvenes puedan permitirse menos que sus padres con ingresos similares.

La vivienda es probablemente el factor más determinante. Generaciones anteriores accedían a una vivienda en propiedad con mayor facilidad, normalmente con un solo sueldo y a edades tempranas. Hoy, el precio de la vivienda en España, tanto en compra como en alquiler, se ha disparado en relación con los salarios. Comprar una casa exige ahorros previos elevados, contratos laborales estables y un endeudamiento a largo plazo que condiciona toda la vida financiera. El resultado es un retraso en la emancipación, menor capacidad de ahorro y una sensación constante de inseguridad económica.

A esto se suma la precariedad laboral. El mercado de trabajo español ha cambiado profundamente. Aunque el empleo ha crecido, gran parte de los contratos son temporales, parciales o con salarios bajos. Muchos jóvenes encadenan trabajos sin estabilidad, lo que dificulta planificar a largo plazo, acceder a crédito o construir patrimonio. Sus padres, en cambio, solían incorporarse antes a empleos estables, con carreras profesionales más lineales y previsibles.

Otro factor estructural es el aumento de la presión fiscal indirecta y del coste de los servicios básicos. Impuestos sobre el consumo, cotizaciones, tasas y precios regulados han aumentado con el tiempo. Aunque estos ingresos sostienen el Estado del bienestar, su impacto pesa proporcionalmente más sobre quienes tienen menos capacidad económica. Esto reduce el margen de maniobra financiero de los jóvenes, incluso cuando están empleados.

La inflación acumulada juega también un papel fundamental. Aunque los episodios recientes han sido especialmente visibles, la pérdida de poder adquisitivo viene de lejos. Durante años, los salarios no han crecido al ritmo de los precios, erosionando lentamente la capacidad de compra. El PIB puede crecer, pero si ese crecimiento se concentra en determinados sectores o no se traduce en rentas para la mayoría, el bienestar no mejora.

Además, existe un problema demográfico que afecta directamente a los jóvenes. España envejece rápidamente, lo que incrementa el gasto en pensiones y sanidad. Esto tensiona las cuentas públicas y limita la capacidad del Estado para reducir impuestos o aumentar prestaciones destinadas a generaciones más jóvenes. Al mismo tiempo, se traslada a los trabajadores actuales la responsabilidad de sostener un sistema diseñado para una pirámide poblacional muy distinta.

Por último, está el factor menos tangible pero igualmente importante: la expectativa de progreso. Las generaciones anteriores crecieron con la idea de que cada paso vital implicaba una mejora económica. Hoy, muchos jóvenes sienten que trabajan más para mantener el mismo nivel de vida, sin la seguridad de que el esfuerzo se traduzca en estabilidad o prosperidad futura.

En conjunto, el caso español demuestra que un PIB más alto no garantiza automáticamente una vida mejor para todos. Cuando el crecimiento económico no se acompaña de salarios dignos, acceso a la vivienda, estabilidad laboral y una distribución equilibrada de la riqueza, el resultado es una generación que, pese a vivir en un país más rico, se siente más vulnerable. Entender esta brecha es esencial para afrontar los retos económicos y sociales de los próximos años y evitar que esta tendencia se consolide como algo estructural.

Enlaces externos relevantes.

  1. INE – Evolución del PIB y condiciones de vida en España
    https://www.ine.es
  2. Banco de España – Informe sobre mercado laboral y salarios
    https://www.bde.es
  3. OCDE – España: salarios, vivienda y desigualdad generacional
    https://www.oecd.org/spain
  4. Funcas – Estudios sobre jóvenes, empleo y poder adquisitivo
    https://www.funcas.es
pib

Publicado por HILL VALLEY CONSULTING — Consultoría empresarial, fiscal y estratégica.